Uno no puede escribir acerca de la restauración del oficio profético, sin tratar cuando menos con algunos puntos importantes que involucran tanto los ministerios apostólicos como los proféticos.
1. La iglesia es construida sobre el fundamento colocado por apóstoles y profetas (Efesios 2:19-22; 1º Corintios 3:9-15). Todos los demás ministerios deben edificar sobre este fundamento.
2. Cristo dio a unos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y a otros maestros. Esto es para traer a los santos a plena madurez (Efesios 4:9-11).
3. La revelación del gran misterio de la iglesia como un cuerpo fue dada a los apóstoles y profetas (Efesios 3:5).
4. En el orden divino aunque todos son iguales en valor como personas delante del Señor, Dios puso “en la iglesia primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego...”(1 Corintios 12:28,29). No todos han sido llamados a ser apóstoles, no todos han sido llamados a ser profetas. Estos son dones diferentes y únicos.
5. En la sabiduría de Dios, los apóstoles, profetas y maestros son enviados al cuerpo de Cristo (Mateo 23:34; Lucas 11:49).
6. Los falsos sistemas religiosos aborrecen a los apóstoles y profetas porque están en contra del sistema que trae confusión a los santos de Dios (Apocalipsis 18:20).
Estas escrituras son muy importantes. Muestran cómo estos dos ministerios son llamados a trabajar juntos. Actúan como un “sistema de pesos y contrapesos” el uno para con el otro, al trabajar juntos en corazón, mente, espíritu y fe.
Hoy Dios está restaurando estos ministerios de fundamento en la iglesia. Son para ajustar y equipar a los santos, para llevarlos a cumplir la obra de su propio ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo hasta que llegue a la medida de un hombre maduro.
RESTAURACION DEL MINISTERIO PROFETICO
En las últimas décadas, han surgido varios movimientos que han puesto un énfasis especial sobre la restauración del ministerio profético. Sin embargo, al parecer en cada movimiento del Espíritu Santo hay algunos que caen en extremos y ponen un énfasis excesivo en cuanto a las verdades que Dios está restaurando a la iglesia.
Que difícil resulta para la naturaleza humana guardar el delicado balance que se requiere en todo lo que Dios restaura. Ha sido dicho de aquel que camina sobre “el filo de la navaja” de la verdad, también camina sobre el “filo de la navaja “de la herejía. Esto es particularmente cierto del ministerio profético, sobre el cual hay un énfasis de frescura del Espíritu hoy en día.
Necesitamos hacernos algunas preguntas. ¿Cuál es la diferencia entre los profetas actuales y los profetas de los tiempos del Antiguo Testamento? ¿Tienen el mismo tipo de autoridad hoy como lo tenían antes? ¿Han de ser considerados idénticos los profetas del Nuevo Testamento con los profetas del Antiguo Testamento? Estas son preguntas vitales que necesitan ser contestadas y entendidas claramente. ¿Qué dicen las escrituras?
1. Cuando Cristo ascendió a lo alto, El dio dones a los hombres. “Y él mismo constituyó a unos... profetas” (Efesios 4:11) Los profetas constituyen uno de los ministerios llamados “dones de la ascensión” del Cristo resucitado.
2. Dios ha puesto en la iglesia, “...luego profetas,...” (1º Corintios 12:28). Los profetas son los segundos en orden en la iglesia.
3. “¿Son todos profetas?” (1º Corintios 12:29). Aunque Moisés deseaba que todos en el pueblo del Señor fueran profetas, el Nuevo Testamento muestra que esto no es así en el cuerpo de Cristo. Todos en verdad pueden profetizar pero no todos son profetas.
4. En la iglesia primitiva hubo profetas reconocidos.
· Judas y Silas eran profetas (Hechos 15:32)
· Había profetas en Jerusalén (Hechos 11:27)
· Había profetas y maestros en Antioquia (Hechos 13:1-4)
· Había también profetas en Tiro (Hechos 21:3-4)
· Agabo era un profeta probado (Hechos 11:28; 21:10-11)
· La iglesia en Corinto tenía profetas (1º Corintios 14:27; 128-29)
· Los profetas están incluidos en la carta a los Efesios (Efesios 4:9-11)
No hay un solo versículo en la Escritura que diga que el ministerio de los profetas “no es para hoy” como diría un cierto número de expositores, maestros y predicadores. Los profetas junto con los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros son dados hasta que el cuerpo de Cristo llegue a la unidad de la fe y a un hombre maduro.
En la iglesia de hoy, vemos al Señor restaurando este ministerio para el perfeccionamiento de los santos y para conducirlos a cumplir la obra de su propio ministerio.
Sin embargo, en todo esto, se hacen evidentes la misma fe para unos y el mismo temor para otros, tal como en los Movimientos Proféticos previos. La fe divina y el temor divino son elementos del “sistema de pesos y contrapesos” en las cosas que Dios restaura a la Iglesia, y ambos son necesarios con respecto al ámbito profético.
Fe para creer lo que es Dios; temor de violar la Palabra de Dios cuando la profecía contradice esa Palabra.
LA NATURALEZA Y DISTINCIONES
DEL ÁMBITO PROFÉTICO
Con la restauración del ministerio profético, es importante entender la naturaleza de la profecía y algunas distinciones bíblicas en éste ámbito.
1. La profecía como Declaración.
Esta forma de profecía tiene que ver con el presente. Los profetas hablan de parte de Dios a la gente, comunicando la mente de Dios para el presente. Frecuentemente el profeta usará el pasado para tratar con el presente.
Este tipo de palabra profética puede incluir exhortación, reprensión, advertencia, consuelo y edificación. El profeta es un predicador y es el que proclama la palabra y la mente del Señor.
2. La profecía como Predicción.
Este aspecto de la profecía tiene que ver con el futuro. El profeta habla de parte de Dios comunicando su mente tocante con el futuro. Frecuentemente el pasado y el presente serán usados para tratar y confirmar el futuro. Muchas veces el propósito de la predicción profética ha sido producir santidad en el presente.
Amos dice: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas...Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?” (Amos 3:7,8)
CUATRO NIVELES DE LA PROFECIA
1- El Espíritu de Profecía.
Apocalipsis 19:10 dice “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. El espíritu de la profecía es la habilidad del Espíritu Santo que viene sobre hombres o mujeres, llevándoles a declarar un dicho inspirado o vivificado en un lenguaje conocido. Este espíritu estuvo sobre Adán, Enoc, Noe, Abraham. Isaac. Jacob y José, como lo indican estas escrituras: Génesis 2:20-25; Judas 14,15; 2º Pedro 2:5; 1º Pedro 3:20; Génesis 20:7; Génesis 27; Génesis 48-49; Hebreos 11:20,21; Génesis 50:24; Hebreos 11:24; Salmo 105 9-15.
En ocasiones el manto profético cayó sobre grupos de personas, como se muestra en Números 11:29-30; 1º Samuel 19:20-24; y 10:10. La profecía era la evidencia de la venida del Espíritu sobre las gentes en los tiempos del Antiguo Testamento.
En los tiempos del Nuevo Testamento, el espíritu profético también puede caer sobre la gente, y en una ocasión tal “podéis profetizar todos” (1º Corintios 14:24, 25,31)
2- El Don de Profecía
Esto está mencionado en 1º Corintios 12:10, Romanos 12:6 y Hechos 2:18, como uno de los dones del Espíritu. Se define como la habilidad concedida por Dios para hablar en forma declarativa, sobrenaturalmente, en lenguaje conocido, según el Espíritu da que se hable.
El significado mismo de las palabras hebrea y griega involucran “visión extática, carga, dicho inspirado, empezar a hablar bajo un impulso repentino, en discurso excelso, o en alabanza por los consejos divinos”.Thayer lo define como: “un discurso que emana de la inspiración divina declarando los propósitos de Dios, ya sea reprendiendo y amonestando a los malvados, o consolando a los afligidos, o revelando cosas escondidas, especialmente prediciendo eventos futuros”.
Vine dice: “el declarar la mente y consejo de Dios, la declaración de la voluntad de Dios”
Esto es visto como una operación del Espíritu en la iglesia del Nuevo Testamento que debe ser ejercitada dentro de líneas directrices divinas, como sigue:
*Exhortación: “incitar, estimular, fomentar”.
*Edificación: “construir gradualmente, formar, desarrollar.”
*Consolación: “vendar”.
*Convicción: “abrir, descubrir” (1º Corintios 14:3,24,25; 1º Tesalonicenses 5:20)
3- El Ministerio de Profeta – Oficio de Profeta
En Oseas 12:10, junto con Hebreos 1:1, se afirma que el Señor, “habiendo hablado... los profetas...” y “aumenté la profecía (visiones), y por medio de los profetas usé parábolas (semejanzas).
Un profeta era una persona a quien le era dado el ministerio distintivo de representar a Dios delante del hombre. Lo cual hacía moviéndose bajo “el manto profético” que venía sobre el. El profeta era la boca de Dios, el vocero de Dios, a través de quien la palabra de Dios fluía, ya sea de manera declarativa, o en forma predictiva.En ocasiones hubo profetizas que también hablaron de parte de Dios, por ejemplo: Miriam (Éxodo 15:20); Débora (Jueces 4:4); Hulda (2º Crónicas 34:22) y Ana (Lucas 2:26-38)
Nota: Es importante recordar que es posible tener el don de profecía y NO ser un profeta, aunque lo contrario no es cierto. Todos los profetas pueden profetizar, pero no todos los que profetizan son profetas.
Hechos 21:8-9 muestra que Felipe tenía cuatro hijas que profetizaban, pero no eran profetizas. Ágabo fue el profeta usado para confirmar la voluntad de Dios al Apóstol Pablo en éste caso.
4- La Profecía de la Escritura
En 2º Pedro 1:19-21, se usa la expresión “profecía de la Escritura”. Dicha expresión habla acerca de los libros proféticos del Antiguo Testamento y en un sentido general se refiere a todas las Escrituras, tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. Por causa de que las Escrituras son la palabra inspirada e infalible de Dios, la “profecía de la Escritura” es reconocida como revelación inspirada e infalible (2º Timoteo 22:18,19). Este tipo de profecía ya no se da cuenta actualmente puesto que los 66 libros de la Biblia están completos. Nada ha de ser agregado o quitado de esta Palabra que ya está completa (Apocalipsis 22:18,19).
Lo significativo acerca de “la Profecía de la Escritura” es que los tres anteriores deber ser juzgados por ésta. Los tres primeros son falibles, ésta cuarta es infalible. Los profetas y la profecía deben ser juzgados, esto es, juzgados por la “profecía de la Escritura”No juzgamos los dichos de la Escritura. Los dichos de la Escritura juzgan nuestros dichos proféticos, cualesquiera que estos sean.
La naturaleza y distinciones en el ámbito proféticos deben tenerse siempre a la vista con claridad.
DIFERENCIAS ENTRE PROFETAS DEL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
A medida que Dios está restaurando el ministerio de profetas en nuestro día, nos preguntamos: ¿cuál es la función y rol del profeta?, ¿Debe el profeta del Nuevo Testamento ser considerado idéntico al profeta del Antiguo Testamento?
Es absolutamente esencial entender las diferencias particulares entre los profetas del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento para tener un reconocimiento apropiado de la función de los profetas en los tiempos del Nuevo Testamento. El no entender esto puede conducirnos al peligro de regresar a los tiempos del Antiguo Testamento, antes de la cruz.
Consideremos algunos hechos significativos tocantes a los profetas del Antiguo y los del Nuevo Testamento.
1. Profetas del Antiguo Testamento
Los profetas del Antiguo Testamento caen dentro de dos grupos particulares, lo cual nos ayuda a distinguir entre el ministerio del profeta en el Nuevo Testamento y el ministerio del profeta en el Antiguo Testamento.
a. Profetas de Dirección.
Moisés, Aarón, Samuel, Elías y Eliseo eran de manera especial profetas de dirección. Todas las palabras de sabiduría, palabras de ciencia, milagros, declaraciones y predicciones que hicieron, confirmaron que ellos eran profetas del Señor, que revelaron y declararon la mente de Dios y también con frecuencia, declararon su voluntad personal para el pueblo. Eran los voceros de Dios.
La dirección personal era dada a través de un profeta, o de un sacerdote con Urim y Tumim, o a través de visión, sueño, voz, visita angélica, etc.
La razón para que esto fuera así es clara. El Espíritu Santo no estaba disponible para “toda carne” bajo los tiempos del Antiguo Pacto. El hombre no tenía acercamiento ni acceso a Dios a través de Cristo. Se comunicaban a través de un mediador terrenal, un sacerdote o un profeta.
b. Profetas de Visión y Escritura
Daniel y Zacarías eran de manera especial profetas de visión, pues ellos eran videntes. Dios les dio visiones, que quedaron registradas como profecía infalible. Aquí predijeron el futuro y el destino de las naciones.
Sin embargo, hasta donde entendemos, Daniel no dio profecías como un profeta declarativo o como vocero de Dios a la gente. En contraste, Ezequiel, Isaías, Jeremías, Joel, Oseas, Amos y todos los profetas escritores, mayores y menores, fueron usados especialmente en el ámbito de la profecía de las Escrituras.
En el sentido más amplio de la declaración y la predicción, ellos hablaron del destino de las naciones, de Israel y de los Gentiles.
Dios los hizo escribir Escritura infalible aunque eran hombres falibles. Por inspiración, Dios anuló sus debilidades e imperfecciones y trajo revelación infalible a través de ellos.
Sin embargo, la mayoría de estos profetas no fueron usados en el ámbito de lo milagroso, como aconteció con los profetas de dirección, tales como Moisés, Elias y Eliseo. Los profetas de la escritura se transformaban en la voz de Dios para su generación y para las generaciones futuras por medio de su profecía infalible.
2. Los profetas del Nuevo Testamento.
Cuando se trata del papel y función del profeta del Nuevo Testamento, Encontramos algunas diferencias esenciales. Es claro que el Señor hizo un cambio muy marcado con respecto a los tiempos del Antiguo Testamento y al papel y función del profeta, como se muestra por lo siguiente:
a. Doce Apóstoles
Cristo Jesús no escogió persona alguna para que fuera un profeta durante su Ministerio terrenal. De hecho, hasta donde entendemos, El no escogió a un evangelista, pastor o maestro. El escogió DOCE APÓSTOLES.
Esto inmediatamente nos muestra un cambio distintivo con lo que en los tiempos del Antiguo Testamento era el ministerio más alto, más poderoso y dominante del profeta.
El no escogió ningún profeta antes de la cruz, los profetas del Nuevo Testamento aparecen sólo después de su crucifixión, resurrección y ascensión. Juan el Bautista fue el mayor y el último de los profetas del Antiguo Testamento porque vino al cierre de la era del Pacto Antiguo e introdujo al Cristo de la era del Nuevo Pacto (Lucas 1:76).
Cristo escogió doce apóstoles para que fueran el fundamento de la iglesia y de la ciudad de Dios (Apocalipsis 21:14)
Sin duda ésta parte de la razón por la que Pablo dice: “A unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego...” (1º Corintios 12:28).
Indudablemente existe gran significado en el uso de la palabra “profeta” en los escritos del Nuevo Testamento. Esta palabra es usada como 149 veces. De estas referencias, solo alrededor de una docena habla de profetas del Nuevo Testamento, en tanto que más de 100 referencias, en tanto que mas de 100 referencias aluden a los profetas del Antiguo Testamento y sus escritos, a Juan el Bautista, o a los falsos profetas.
b. Ministerios de los Dones de Ascensión.
Después de que los doce apóstoles de fundamento fueron elegidos y la iglesia fue establecida en Pentecostés, vemos al Cristo resucitado y ascendido entregando nuevos dones a los hombres. Estos dones incluyen apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros y se habla de ellos como “dones ministeriales posteriores a la ascensión” (Efesios 4:9-11).
Indudablemente es significativo que “los profetas” y los “evangelistas” están colocados entre los “apóstoles” y los “pastores y maestros”. Estos ministerios actúan como un sistema de control de “pesos y contrapesos” entre sí mismos, y para los otros.
Como se hizo notar anteriormente, “los apóstoles y profetas” están llamados especialmente a trabajar juntos, cada uno balanceando al otro. Las señales de peligro se prenden cuando un apóstol o profeta están solos. La palabra “Mejores son dos que uno” es verdaderamente aplicable aquí (Eclesiastés 4:9-12; Efesios 2:19-22;3:5; Lucas 11:49).
c. Los profetas y la Escritura
Los profetas del Antiguo Testamento fueron usados para pronunciar y escribir Escritura infalible (2º Pedro 1:29).
Jamás ningún profeta del Nuevo Testamento fue usado en el pronunciamiento de Escritura infalible. La mayor parte del Nuevo Testamento fue escrito por apóstoles.
Toda declaración hecha por los profetas debe ser juzgada (1º Corintios 14:29-32). El mero hecho de que los pronunciamientos proféticos deban ser juzgados muestra que no son infalibles.
El juez de todo pronunciamiento profético es la infalible “profecía de la Escritura” (2º Pedro 1:19-21). Por tanto, aunque un profeta diga, “así dice el Señor”, tales palabras tienen que ser juzgadas por las Escrituras, por la Palabra y por el Espíritu. Esto era verdad aun en los tiempos del Antiguo Testamento.
d. Los profetas y la Dirección.
Los profetas del Antiguo Testamento fueron usados especialmente en el ámbito de la guía o dirección y en la búsqueda de la mente y voluntad de Dios. La gente iba al profeta por tales motivos. Ningún profeta del Nuevo Testamento fue usado jamás en guía y control de la vida de otra persona, sino que fueron usados para CONFIRMAR la voluntad ya conocida y revelada de Dios. Para los creyentes del Nuevo Testamento, “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios (no por “el profeta”), estos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Esta es la norma de Dios.
Recurrir a un profeta para recibir dirección, guía o control es violar el privilegio que tienen los creyentes del Nuevo Pacto de poder entrar y acercarse a Dios a través de Cristo por el Espíritu.
El Espíritu Santo está al alcance de “toda carne” en esta dispensación. Esto no era así en los tiempos del antiguo Pacto. Recurrir a un profeta en esta manera es regresar al otro lado de la cruz y a los métodos del antiguo Pacto para recibir dirección. Absolutamente no hay necesidad de andar buscando “una profecía” de un profeta, para cada movimiento que un creyente tenga que hacer en la vida.
e. Para Creyentes del Nuevo Pacto.
*La guía, dirección y control viene de la infalible palabra de Dios, las Santas Escrituras.
*La dirección también viene del Espíritu Santo que mora en nosotros , siempre guiando en armonía con, y nunca en contra de, la Infalible Palabra que El inspiró (Romanos 8:14)
*La guía y dirección pueden también ser confirmadas a través de varios ministerios y a través del consejo en la iglesia, lo cual puede incluir a los profetas así como a otros ministerios y consejeros.
Como regla general, el Señor no le va a decir a otros lo que usted mismo no sabe, especialmente si usted en verdad desea hacer la voluntad de Dios.
El profeta Agabo confirmó al apóstol Pablo lo que él ya conocía de la voluntad de Dios en Hechos 21:10-14.
f. Los Profetas y el Ministerio.
El ministerio del profeta puede incluir:
*El espíritu de la profecía – Apocalipsis 19:10; 1º Corintios 12:8.
*La predicación de la Palabra de Dios- declaración – 1º Pedro 1:10-12.
*Predicción – Predicción por el Espíritu – Hechos 11:27-30;21:8-14.
*Exhortación y confirmación – Hechos 15:22.
*Convicción por la exposición de los secretos del corazón – 1º Corintios 14:24-25.
*Visiones y sueños – Números 12:6-8.
*Palabras de Sabiduría, palabras de ciencia – 1º Corintios 12:6.
*Dones del Espíritu en operación.
*Iluminación sobre la revelación dada por inspiración – Efesios 3:1-5.
*Trabajo con ministerios apostólicos – Efesios 2:20-22; 1º Corintios 12:28-29; Lucas11:49.
Sin embargo, todo debe ser sometido antes que nada a la infalible Palabra de Dios. Debe ser probado por el Espíritu y otras pruebas válidas. De otra manera las vidas pueden ser arruinadas, como ha sucedido en algunos casos, por la falta de aplicación de pruebas bíblicas. Ningún profeta, ni cualquier otro ministerio, es infalible. Es humano errar por causa de nuestras imperfecciones, por tanto, existe una necesidad constante de contar con un“sistema de pesos y contrapesos” en todo lo que hacemos y decimos.
g. Los Profetas y el Gobierno de la Iglesia.
Otra cosa importante a reconocer, es que jamás ninguna iglesia del Nuevo Testamento fue gobernada por un profeta o profetas.
En los tiempos del Antiguo Testamento, como ya hemos notado, el ministerio profético era el mas alto, poderoso y dominante. En la era del Antiguo Testamento se contaba con los ministerios de los sacerdotes, jueces, reyes, profetas y ancianos en Israel.
Sin embargo, Dios utilizó al profeta para reprobar, reprender, amonestar, exhortar, confortar y retar a los sacerdotes, jueces, reyes y gobernantes del pueblo de Dios.
Si el sacerdote representaba al hombre ante Dios, el profeta representaba a Dios ante el hombre. El oficio y ministerio del profeta era en verdad un ministerio poderoso y los gobernantes eran juzgados por Dios de acuerdo a su actitud hacia el profeta que representaba a Dios y a su palabra.
Pero todo esto cambio en los tiempos del Nuevo Pacto. Ningún profeta jamás estuvo en una posición tan poderosa en el Nuevo Testamento. Ningún profeta, ni compañía de profetas, gobernó jamás o controló a una iglesia del Nuevo Testamento.
Las iglesias del Nuevo Testamento fueron gobernadas por apóstoles por apóstoles y ancianos. Hechos 15 es un ejemplo de “apóstoles y ancianos” juntamente estableciendo asuntos doctrinales (Hechos 15:1-18,22-23). Y aunque Judas y Silas eran profetas, fueron enviados a las iglesias con Pablo y Bernabé quienes eran apóstoles (Hechos 15:22, 27, 32).
Los apóstoles y profetas trabajan en conjunto.
Existen muchos casos en la historia de la iglesia que ilustran los problemas y peligros que ocurren en una iglesia o iglesias que son gobernadas por profetas. Los casos típicos nos muestran profetas que controlaron a otros ministerios de los dones de ascensión, manipularon las vidas de las gentes, dieron dirección equivocada a las iglesias y guiaron a las iglesias hacia su naufragio.
Los profetas en ocasiones han buscado decir y ser la “palabra final” de dirección para las iglesia y los resultados trágicos no se han hecho esperar.
Los profetas no son llamados para gobernar a las iglesias a través de su ministerio, a menos que trabajen en armonía y seguridad con ministerios apostólicos. Por la naturaleza subjetiva de sus dones, los profetas necesitan a los apóstoles que son de una naturaleza más objetiva, para tener una especie de contrapeso en su ministerio.
Otra vez debemos recordar que “a unos puso Dios en la iglesia primeramente apóstoles, luego profetas...” Ambos son iguales como personas delante de Dios en cuanto a valor de redención, pero ambos tienen gracia y dones únicos, y ambos han sido puestos en el orden divino del Nuevo Testamento.
Violar este orden es poner nuevamente al pueblo de Dios bajo los tiempos del Antiguo Testamento y colocar al profeta del Nuevo Testamento como un “profeta establecido” del Antiguo Testamento. Esto esta fuera del orden de Dios para los creyentes del Nuevo Pacto.
Los apóstoles y profetas operan juntamente. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros operan juntamente. En conjunto estos ministerios constituyen el gobierno de la iglesia de Dios. Juntos actúan como “pesos y contrapesos “entre si. Juntamente ayudan a mantener balance en la iglesia, tanto en forma local como universal.
No puede ser enfatizado de más que ninguna iglesia del Nuevo Testamento fue jamás gobernada por un solo hombre, cualquiera que fuera su ministerio, sino por un grupo de ancianos establecidos, y un anciano principal entre ellos por razón de su gracia y dones.
La iglesia necesita la mano gobernante de Dios a través del ministerio quíntuple concedido en la ascensión para llegar a la plena madurez.
EN CONCLUSIÓN
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento abundan con evidencias y advertencias contra los falsos profetas. Cada vez que y donde quiera que haya verdaderos profetas, Satán levantará falsos profetas a fin de engañar a la gente.
En efecto, existen más advertencias en toda la Biblia tocante a los falsos profetas que tocante a cualquier otro ministerio. Sin embargo, estas advertencias son aplicables a todos. Mateo 24:11,24; Jeremías 5:30,31; 1º Juan 4:1-2 y Marcos 13:22 son algunos ejemplos. Al concluir nuestro estudio, notemos doce pruebas principales aplicables a los profetas, y que a su vez, pueden ser aplicadas a cualquier otro ministerio en estos días.
1. La prueba del Espíritu – 1º Juan 4:1-3
¿Es el Espíritu Santo, el espíritu humano o un espíritu malo el que está dando la palabra?
Lea 1º Reyes 22 para obtener ejemplos de estas tres fuentes de palabras que tienen que probarse.
2. La prueba del Cumplimiento – Deuteronomio 18:22.
¿Se cumple la palabra profética o no? El tiempo es la mayor prueba de las profecías. La historia prueba la profecía.
3. La prueba de la Adoración – Deuteronomio 13:1-5.
¿Nos guía la palabra profética a adorar a Dios o nos aleja del Dios verdadero?
4. La prueba de la Doctrina-1º Juan 4:1-6; 1º Timoteo 4:1-3; Isaías 8:19-20.
¿Hablan los profetas en armonía con las doctrinas mayores de la redención? ¿Hablan de acuerdo a la sana doctrina de la Palabra de Dios?
5. La prueba del Fruto – Mateo 7:15-23
¿Cuál es el fruto del estilo de vida del profeta? Es por sus frutos, no por sus dones que los conocerán. El fruto es la naturaleza y carácter del árbol. No se confunda el carisma por el carácter.
6. La prueba de la Codicia – Miqueas 3:11, 2º Pedro 2:1-3.
¿Están haciendo estos profetas mercadería del pueblo de Dios? Usted reconocerá por su amor al dinero. Recuerde a Balaam, Judas, Simón y 1º Timoteo 6:9-11.
7. La prueba del Ministerio a la gente – Jeremías 23:18-23.
¿Hacen éstos profetas volverse a la gente de su estilo de vida pecaminoso a Dios? Sin santidad de vida ninguno verá al Señor (Hebreos 12:7-14).
8. La prueba de la Humildad – 1º Corintios 8:1.
¿Produce la palabra profética humildad u orgullo en el corazón? ¿Exalta a la persona o a Cristo en usted? ¿Crea hambre y sed y amor por el Dios viviente?
El conocimiento envanece. El amor edifica.
9. La prueba del Valor.
Mientras que, por un lado, debemos “pelear la buena batalla por las profecías” pronunciadas sobre nosotros, por el otro, ¿valoramos la Palabra infalible de Dios por encima de las palabras proféticas personales? La mayoría de las palabras proféticas confirman en una base personal lo que la Palabra inspirada e infalible ya nos ha dictado hacer en una base general ¿Cuál es de mayor valor?
10. La prueba de la Confirmación.
¿Es el dicho profético una confirmación a su espíritu? ¿Concuerda con la voluntad ya conocida y revelada de Dios? ¿Tiene la paz gobernando en su corazón? Si no es así, busque el consejo del ministerio aprobado.
11. La prueba del Control.
Los profetas no han de usar sus dones para manipular, intimidar y controlar mediante el temor a la gente a quien ministran. ¿Intenta el profeta ejercitar control sobre su vida? ¿Le manipula o intimida por sus dichos
12. La prueba de la Responsabilidad – Mateo 12:34-37
¿A quien rinde cuentas el profeta? ¿Dónde está la iglesia que es su base de operación? ¿Cuenta con cobertura apostólica o de otra especie? ¿Está dispuesto a hacerse responsable de sus profecías? ¿Es intocable? ¿Tiene un sistema espiritual de “pesos y contrapesos” en su vida? Todos los profetas del Nuevo Testamento pertenecían a, y estaban bajo la autoridad a alguna iglesia local.
Mediante la aplicación de estas pruebas, el creyente podrá ser bendecido, fortalecido, animado y establecido en la voluntad de Dios por profetas verdaderos, y será guardado de profetas falsos que buscan controlar y manipular a la gente.
El apóstol Pablo escribe, “Los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen... y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas...” (1º Corintios 14:29-32).
“No apagueis al Espíritu. No menospreciéis la profecía. Examinadlo (probarlo) todo; retened lo bueno...” (1º Tesalonicenses 5:19-21).
Y finalmente, “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore.” (1º Corintios 14:37-38).